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¿Podría introducirse y presentar la luchas que representa en la Cumbre Mundial de Defensores de Derechos Humanos?

Lolita: Mi nombre es Aura Lolita Chávez, soy feminista comunitaria de Guatemala de la región Quiché y soy integrante del pueblo K'iche' y del Consejo de Pueblos K’iche’s. Desde el 2007 nuestra organización trabaja por la defensa de la vida, la madre naturaleza, la tierra y el territorio. El Consejo se articuló de una forma autónoma y con libre determinación para luchar por el agua, las montañas y en contra del despojo y el saqueo de los bienes comunes. K’i significa muchos y che’ significa árboles, somos el pueblo entre las montañas conviviendo con los árboles.

La Declaración sobre las y los Defensores de Derechos Humanos cumple ya 20 años. Para usted como defensor de derechos humanos, ¿qué representa este texto?

Lolita: Esta declaración es un instrumento y una herramienta práctica legitima y legal que sostiene nuestra labor como defensoras y defensores de derechos humanos y nos protege frente a las represiones, criminalización y judicialización de quienes estamos en estas luchas. Hay que resaltar que esta declaración es el resultado de los esfuerzos que se han hecho históricamente por parte de defensoras y defensores y hay que reconocer que este instrumento surge de las luchas que se han dado durante muchos años en los territorios. Esta declaración nos inspira a seguir luchando y es importante que sea conocida ampliamente y se lleve a la práctica, ya que muchos Estados no la conocen y no la cumplen. También es importante que la declaración tenga en cuenta cosmovisiones de los pueblos originarios y las sabidurías que existe en la pluralidad y diversidad y hay que seguir trabajando en ello.

¿Cómo ha impactado la Declaración sobre las y los Defensores de Derechos Humanos en su lucha y en el terreno de manera práctica? ¿Se ha cumplido esta declaración?

Lolita: En el terreno este instrumento no se conoce por parte del Estado. Cuando nosotros nos autonombrábamos como defensoras y defensores de derechos humanos, se burlaban de nosotros y nos estigmatizaban. El Estado no nos garantiza que podamos reunirnos libremente, o que podamos expresar nuestras inconformidades sin miedo y no garantiza nuestro derecho a denunciar y a que estas denuncias sigan el debido proceso. Tampoco se dan las condiciones adecuadas y necesarias para que los agentes de policía puedan acompañarnos y nos brinden seguridad. No hay recursos para llegar a las comunidades o para atender nuestros llamados.

Y en Guatemala el mismo Estado está generando leyes en contra de los movimientos sociales, buscando estigmatizar, criminalizar a los defensores de derechos humanos, y aislar a las organizaciones internacionales de los movimientos sociales, para que ya no puedan acuerparnos. Ejemplos de esto son la ley de ONG’s, la ley Mordaza, y las diferentes reformas del código penal que buscan tipificar a los defensores de derechos humanos como terroristas.

Además del racismo, la exclusión y la marginalidad que se vive en los territorios, actualmente en Guatemala el derecho a defender derechos para las instancias públicas es inconcebible.

En mi caso puntual, como defensora de derechos humanos y de la vida, nunca me he sentido protegida por parte del Estado, el cual además me ha deslegitimado y por esta falta de protección he tenido que abandonar mi país del cual siempre he estado fuertemente arraigada.

¿Cuáles son según usted los principales desafíos para las defensoras y defensores de derechos humanos en Guatemala para los próximos 20 años?

Lolita: La situación en la región, en Suramérica, Centroamérica y Guatemala es bastante difícil y compleja. Cada vez son más los políticos enemigos de los derechos humanos. Ante esto, uno de los mayores desafíos es la construcción de redes que trasciendan fronteras, para que podamos garantizar continuar con vida y evitar las violaciones de los derechos humanos. Ante la ausencia de los Estados y la falta de protección por parte de ellos, tenemos que fortalecer las alianzas entre los movimientos sociales y protegernos entre las diferentes comunidades y entre nosotras y nosotros mismos.

Actualmente en el Estado hay mucha misoginia, homofobia, racismo y clasismo que evitan el pleno goce de los derechos humanos y colectivos y esto parece que va aumentando. Es por esto que otro gran desafío es que desde nosotras y nosotros mismos debemos evitar como defensoras y defensores de derechos humanos los divisionismos y sectorialismos y apoyarnos entre las diversas luchas, como por ejemplo los derechos de las mujeres, la juventud, la niñez, la territorialidad, la diversidad sexual, el agua, y así convivir en las pluralidades.

Otro desafío es la visibilización de nuestras luchas en los territorio y que nuestra labor como defensoras y defensores de derechos humanos sea reconocida y respaldada para que se brinden las garantías que tenemos por nuestro derecho a defender derechos.

También tenemos que aprender de las lecciones que hemos transitado en nuestras luchas y que haya un reconocimiento de los modelos de vida según las cosmogonías de los pueblos originarios, en donde las mujeres hemos demostrado tener sabiduría ancestral vigente, y tener en cuenta estas cosmogonías como alternativa de vida para la humanidad.

Usted ha sido acompañada por PBI. ¿Cómo ha influenciado este acompañamiento en su labor como defensora de derechos humanos? ¿Algún mensaje para ellos?

Lolita: PBI ha caminado conmigo y con nuestros pueblos por muchos años, y este acompañamiento además de que da seguridad, salva vidas. PBI nos acuerpa directamente en el territorio, visibiliza nuestras luchas y permite que se conozcan nuestros problemas fuera de nuestros territorios.

Y a todos los miembros de PBI no me queda sino decirles gracias porque en cualquier lugar donde los he encontrado fuera de mi país llevan en sus corazones a Guatemala y a los pueblos guatemaltecos y nuestras luchas. Ustedes viven con nosotros nuestras alegrías, nuestras emociones, nuestras fiestas, pero también nuestros dolores, nuestras indignaciones y llevan nuestras denuncias y luchas a sus territorios también. Y quiero también decirles que no se sientan mal cuando les dicen que acompañan a criminales, porque las defensoras y defensores de derechos humanos no somos criminales. Hemos tomado la decisión firme de luchar por la vida y los bienes comunes y es bonito coincidir en estos espacios.